ASÍ DESCUBRÍ EL MANICOMIO DEL MUNDO

Una loca no diagnosticada me dijo algo que me marcaría de por vida en mi primer trabajo:
—¿Qué tal es esto? —le preguntó ese cervatillo inocente que era yo.
—Como todos los trabajos. Echas 8 horas y luego empiezas a vivir —respondió ese dementor disfrazado de humana.
—Qué locura me ha dicho esta persona desequilibrada, ¿eh? —le conté yo a todo el mundo después.
—No, no, ASÍ ES LA VIDA. Nadie tiene un trabajo que le guste. Nadie vive de su pasión. ¡¡BIENVENIDO AL MUNDO REAL!! ¡¡JAJAJAJA!!
Así recuerdo que pasó. ¿Tú también has oído el trueno retumbando de fondo?
Desde entonces me negué a ocupar mi lugar en el teatro. Le veo las costuras a los disfraces que todos se ponen.
A sus planes b, su lotería, su «adáptate»… su rendición.
Sólo he encontrado un modo de habitar por aquí sin ponerme una careta.
La escribí en mi último relato, «Los que merecen salvarse».
El final es un recordatorio que sólo olvida quien se arrodilla.
Te lo mando gratis al email que me dejes abajo:
Te mandaré una historia diaria para identificar las costuras del mundo.
Una frase de una yonqui que me hizo dejar mi trabajo. Algunas de ellas:
Cómo me reencontré con alguien a quien quise años después.
El profesor que me dijo que jamás llegaría a nada por una rebelión en forma de disfraz.
Todas son para salir de un mundo que funciona por inercia y crear uno auténtico.
Porque adaptarse al piloto automático es un suicidio prolongado.
P.D: En todas, al final te dejaré un enlace por si quieres comprar alguna de mis novelas.